Periodistas pasivos ante bustos parlantes
Mario Muchnik, colaborador del diario Público recuerda que el periodismo de los sesenta era mejor y la información llegaba y llenaba el mundo. Pero la diferencia con el periodismo actual, manifiesta, está en la perfecta ortografía y en el apasionamiento con que se vivía un debate, ya fuese político, social o científico.
“Los periódicos disponían de un bien dotado servicio de documentación y nunca publicaban “deliberadas falsedades”, continua. Había una perfecta concordancia de los titulares con los textos. Los pies de foto pasaban varios filtros. Se evitaban las frases hechas. Jamás se preguntaba, por ejemplo, ¿Cómo se siente después de recibir este premio?. Lo obvio no se preguntaba porque no se consideraba noticia. Y finaliza diciendo “Una sana disciplina, entre pragmática y moral, confería a los medios un singular matiz didáctico que se expresaba en el valor relativo de las noticias, tanto por el lugar y el espacio que ocupaban como por su tratamiento gráfico y tipográfico. La prensa de entonces era imprescindible. Lo que no se comprende es qué está pasando con el periodismo hoy”.
Es verdad lo que dice el colaborador de Público, pero también lo es que aquellos periódicos con profesionales de gran cultura, intelectuales sin discusión la mayoría, precisaban de gran número de trabajadores, no solo por el cuidado con se veía cada noticia y sus correspondientes textos, fotos, pies de foto, y ladillos, sino que además se requería un gran número de tipógrafos, correctores, atendedores, cajistas, estereotipadores, fotomecánicos e impresores, que hoy ningún diario se podría permitir. Los colaboradores encambio, al menos una gran mayoría, no percibían gratificación alguna del editor. Lo hacían por prestigio personal y por que tenían cosas que contar e ideas que difundir. Eran otros tiempos en que el periodismo se vivía y sentía de otra manera.
De todos es conocido las tertulias de intelectuales, periodistas en gran parte, en los cafés Gijón de Madrid, Compostela de Santiago, etc. y en tascas en las que entorno a un barril de vino se reunían periodistas de todos los medios a comentar la actualidad. Y se contaban cosas, y las publicaban, pero cada uno con su peculiar estilo y sin ese sentido de la competencia que tanto daño ha hecho a los periódicos. La prisa, el pisar las noticias a los otros, hace que a veces no de mucho tiempo a contrastar y eso, precisamente, es uno de los argumentos del colaborador de Público, Mario Muchnik. Pero para mayor desgracia, podemos leer en un periódico local de Gran Canaria una noticia que “remacha” las conclusiones de Muchnik:
“Periodismo sin preguntas”.- Las comparecencias cerradas indignan al sector de la comunicación.
Viene a decir que esta actitud de “tome nota y no pregunte” se reservaban para determinadas ocasiones, momentos excepcionales y personajes singulares, pero hoy es inadmisible. De ahí que los editores estén preocupados por el conformismo de los medios y los medios son los periodistas. En otros tiempos, precisamente allá por los sesenta y tantos, era impensable. Ante actitudes así, los periodistas, unidos en una sola voz, llamarían la atención al “busto parlante” y no cubrirían el acto.
Enlace relacionado: Periodismo
[...] periodista indiferente no es diferente de aquel periodista nihilista del que ya hemos hablado. El periodista pasivo de Mario Muchnik que, en este caso, ante la inmediatez y facilidad con que se conecta a las diversas partes gracias [...]