Poli bueno y Poli Malo

Rajoy recibe a Esperanza Aguirre en La Moncloa
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se ha reunido el pasado martes con Mariano Rajoy en La Moncloa, en el marco de los encuentros que el presidente del Gobierno viene manteniendo con los máximos responsables autonómicos, a excepción del de Canarias, Paulino Rivero, al que está castigando Rajoy por díscolo.
Ambos presidentes han analizado la situación económica y las medidas adoptadas por el Estado y por las distintas administraciones para salir de la crisis económica e impulsar el crecimiento y la creación de empleo. Asimismo, han hablado de las reformas necesarias para cumplir con el objetivo de reducir el déficit público.
Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy también han repasado la situación política nacional y han abordado la posibilidad de revisar las administraciones públicas para evitar “duplicidades, triplicidades y multiplicidades“, ha dicho la presidenta.
Tras su reunión, Aguirre ha comparecido ante los medios para explicar cuáles habían sido los términos concretos del encuentro. La presidenta regional ha confirmado que ha pedido al presidente del Gobierno que haga una reforma en profundidad de las administraciones públicas. Aguirre cree necesario adelgazar el Estado. Según los cálculos que ha hecho la presidenta regional, con esa reforma se ahorrarían 48.000 millones de euros, con lo que el Estado dejaría de tener déficit.
Aguirre también ha planteado a Rajoy que, si España lo necesita, las competencias de Sanidad, Educación y Justicia pueden devolverse al Estado, y Transportes y Servicios Sociales, a los Ayuntamientos. Según Esperanza Aguirre es necesario “revisar de raíz” todo el Estado de las autonomías, subrayando que este modelo se creó para integrar a los partidos nacionalistas de Cataluña y País Vasco y, sin embargo, sólo han servido para encarecer el funcionamiento de las otras 15 regiones.
Aguirre también ha dejado clara su posición ante las subvenciones. Desde el punto de vista de la presidenta de la Comunidad de Madrid, el Estado debe retirar las subvenciones a los partidos políticos, los sindicatos y la patronal.
Ese cambio, ha continuado, “no puede acometerlo un solo partido”, ya que en su opinión se hace necesaria la colaboración del PP y del PSOE para afrontar el momento “tan difícil y delicado” que atraviesa España y poder salir de la crisis “prescindiendo de las ideologías políticas”, con el único objetivo de “hacer lo que sea mejor y más eficaz” para el país.
Mariano Rajoy, al día siguiente en el Senado, se apresuró a decir que no está en la agenda del Gobierno la supresión de las autonomías, aunque sí, ratificó, que se suprimirían las administraciones en las que se produzca duplicidad de funciones.
Los medios de información trataron de averiguar el trasfondo de las declaraciones de Esperanza Aguirre con análisis diversos. La mayoría optó por pensar que como la presidenta de la Comunidad de Madrid no aspira, ni ahora ni en el futuro, a la presidencia del Gobierno, manifestó su opinión con libertad, independencia del partido y valentía política. A mi, por contra, y no sé por qué, me vino a la cabeza la imagen de Felipe González y Alfonso Guerra en los ocho primeros años de gobierno socialista. Alfonso la armaba parda y Felipe ponderaba los asuntos y daba la mejor cara.
Esto es lo que creo que pasó el martes en La Moncloa. Rajoy quiso hacer un sondeo sobre la transformación o anulación de las autonomías y utilizó a la presidenta de Madrid, que como de costumbre habló alto y claro, poniendo la cara para que se la rompan y de la misma forma que la pareja socialista antes citada, Rajoy dio una larga cambiada a la espera de las reacciones de los partidos políticos, los presidentes regionales y las presiones que ejerza Bruselas sobre nuestra economía. Es de cajón, sembrada la idea, vendrán las peleas de todos contra todos, mientras que Mariano I el hábil y su Gobierno escapan de la quema.