¿De quién es la calle?
En 1976, siendo Fraga Iribarne ministro de Interior, lanzó urbi et orbi la famosa frase “la calle es mía” a la que tantas veces se refirió la izquierda para afearle su posicionamiento político y rectificarle diciéndole que “la calle es nuestra”, de los ciudadanos. Pasados los años de ilusiones y desencantos sobre la política nacional (los extraordinarios primeros ocho años de Felipe González, los desastrosos ocho años de Zapatero, los difíciles, aunque, fructíferos de Suárez hasta la descomposición de UCD y los ocho de Aznar, positivos en materia económica y menos en cuanto a libertades) nos encontramos con que la calle no es nuestra, ni siquiera del ministro de Interior, con los de negro dando a diestro y zurdo a los “peligrosos estudiantes de Barcelona y Valencia”. Es de los alcaldes. Sí, digo bien, de los alcaldes.
En este momento de zozobra económica, cuando los ciudadanos que trabajan piensan en su futuro con intranquilidad porque su seguridad laboral se ve seriamente amenazada por la propia economía y más aún con la nueva legislación laboral que simplifica y abarata las relaciones contractuales entre empresa-trabajador, cuando se sabe que muchos jubilados están siendo el sostén de muchas familias que se han quedado sin hogar, sin empleo… sin futuro, los alcaldes pisan el acelerador impositivo y se sacan de la manga un nuevo impuesto “EL ÁREA VERDE”, para residentes, por aparcar el coche en la calle. En Las Palmas, el importe será de 0,60 € diarios (144 € anuales). La tarifa más cara de España. No es suficiente la “zona azul”. El alcalde Cardona, en Las Palmas de Gran Canaria, sin miramientos, sin análisis de la situación social de las islas con un paro superior al 30% y con más de 100.000 personas en la más desesperante pobreza, castiga a los ciudadanos con una nueva tasa demencial y que afectará a la mayor parte de la población capitalina.
Este nuevo castigo del político del PP menos carismático de Canarias, y resto de las españas, merece que ocupemos las calles con nuestros coches y “pasemos” de pagar. La calle tiene que ser de los ciudadanos para usarla y disfrutarla. Ya es hora de frenar el apetito insaciable de estos políticos, tragones y de medio pelo que no piensan en más cosa que en sus coches, sus escoltas (no se sabe para qué), sus estómagos y en los “galgos del canódromo”… mientras ignoran y desprecian a quienes, ahora más que nunca, necesitan ayuda y estímulo. Hemos de hacernos notar en la forma que más les duele. Empiezo a pensar que votar es inútil. Estos sátrapas no merecen nuestra confianza.

Nuevamente nos topamos con ciudadanos de primera, frente a los de otra categoría. Me refiero a Viladecans (Barcelona) cuyo ayuntamiento ha invertido los fondos del Plan E del Gobierno en dotar a los hogares con Internet por fibra óptica, que correrá a 100 megabits tanto en bajada como en subida. El ayuntamiento dedicó medio millón de euros de los fondos del 2009 a red troncal de fibra óptica. Otra cifra importante la dedicó al despliegue de una red inalámbrica, con tecnología WiMax.


