Crimen y sexo en la red
15 días antes del suicidio, el criminal pedófilo Cabello, tenía una charla con el suicida que no vale la pena reproducir. Benjamín Cabello amenazó al muchacho con colgar imágenes suyas en la red y enviarlas, además, a todos los alumnos de su colegio. El pobre chaval le suplicó que no lo hiciera por que le arruinaría la vida. La respuesta del chantagista fue: “creo que suicidarte sería más fácil“. El estonio, desesperado, dijo que se odiaba a si mismo y a su vida de mentiras y terminó diciendo “ahora sé donde está la llave para coger la pistola de mi abuelo“. Efectivamente; la encontró y se metió una bala en la cabeza. El chico se llamaba Sten Kalma y tenía 14 años.
El modus operandi del criminal Cabello no es otro que el ciberacoso. Entra en un chat con un nombre de mujer; Lisha o Elisa y con dulces palabras consigue fotos y vídeos cada vez más comprometidos. Los acorrala hasta que tiene suficiente material para el chantaje. A partir de ese momento es dueño de la otra persona y la estruja hasta el límite.
Este duro asunto demuestra que la red tiene que responder a otros objetivos con otros desenlaces. La discusión eterna entre filtro sí o no tendrá que estudiarse en profundidad para evitar actos desesperados.
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