TODOS A LA HUELGA
La crisis económica y los siete años de mal gobierno socialista han llevado a España a una situación límite. Hemos vivido muy por encima de nuestras posibilidades tanto el país como los ciudadanos. Tal es así, que lo que más preocupa a Merkozy no es la deuda pública, sino la privada. Los bancos nos atosigaron ofreciéndonos dinero barato para comprar casa, coche, vacaciones y otros pequeños caprichos, pendientes desde siempre. Eran los mundos de “yupy”. Parecía que estábamos en la cumbre de Europa y el dinero salía a borbotones de nuestros bolsillos para dedicarlo a vivir como marqueses.
Cuando despertamos del sueño fue tarde. Zapatero lo ocultó creyendo que esto sería coyuntural y corto hasta que le vio el culo a la mona (y no me refiero a Merkel). Desde aquella vivimos acojonados con el futuro incierto, con la tasa de paro galopante, el despido más barato, las causas procedentes del despido disciplinario abiertas en canal para mayor felicidad empresarial. Y llegó Mariano y “sacó el fusil”. Reforma financiera, reducción de las retribuciones monetarias y en especie a los altos cargos de la banca auxiliada por el Estado, una reforma laboral “asesina”, recortes de gasto en sanidad, educación, dependencia, servicios sociales…
Los ciudadanos tendremos que analizar si esta política del PP es la que puede arreglar el futuro a nuestros hijos y nietos o, simplemente, es lo que le apetece a la “derecha cavernícola y carroñera”, frente a la de la izquierda siempre benéfica, social, humana, honesta, brillante. Si la conclusión es la que me temo, no dudemos ni un minuto más. Preparémonos para la lucha. Paremos el país. Que los empresarios, grandes y pequeños, “se enteren de lo que vale un peine“. Llenemos las calles de ciudadanos, paralicemos la producción, los transportes, los hospitales, las guarderías, hasta que el Gobierno se entere de que ha de darnos todo lo que dice la Constitución. Un trabajo, vivienda digna, educación, cuidado sanitario y vacaciones en las Bahamas.
Hay que solidarizarse con los sindicatos UGT y CCOO que nos defienden jugandose el tipo para que nosotros vivamos felices en justicia e igualdad. Igualdad por la corbata, no por la alpargata. Y apoyemos a los miles de liberados, incansables trabajadores que hacen lo indecible para que seamos libres de manifestarnos y sumarnos a la huelga. Son compañeros, amigos, valientes y honrados que se dejan la piel trabajando a nuestro favor. No se entendería la vida laboral sin los sindicatos. Son austeros, eficaces y abnegados y sus dirigentes dignos de respeto y alabanza.
No hay derecho a soportar a un partido de derecha que a los 80 días de entrar en el Gobierno nos quiera hacer trabajar más, cobrar menos, ser despedidos como basura, recortar los gastos a las autonomías, acusándoles de gastadores, cuando siempre han actuado respetando los presupuestos al céntimo, bienadministrando nuestros dineros como auténticos padres. Sin que se les pegue en las uñas ni un céntimo de euro. Comunidades ejemplares como Valencia, Andalucía, Castilla la Mancha en la época de Barreda, Cataluña (comunidad Estado donde los haya) no pueden consentir que Mariano Rajoy venga ahora a enseñarles como “gastar la pasta”. ¿No entiende el presidente del Gobierno que todo lo hacen por nuestro bien?.
Por todo lo dicho, sumémonos a la huelga general del día 29. Defendamos nuestros intereses parando toda actividad. Nada de servicios mínimos, que luego se pasan. No importa lo que cueste parar el país. España es fuerte y con el esfuerzo de los partidos y los sindicatos saldremos adelante. Ánimo compañeros.
Y colorín colorado…
Si partimos del derecho de los trabajadores a dejar su puesto de trabajo cuando les venga en gana, puede parecer justo que el empresario prescinda de los servicios de los trabajadores una vez que entiende que no les son útiles. La diferencia, que marca hoy precisamente la legislación española, es si el despido es nulo, procedente o improcedente. El primer caso es muy difícil que se produzca porque realmente sólo afecta al incumplimiento del artículo 14 de la Constitución y poco más, que nos habla de la discriminación. Un ejemplo puede ser despedir injustamente a una mujer en estado de gestación. La discriminación sería de género y fulminante ante cualquier Tribunal de lo Social. El segundo caso, la procedencia, es obvio, aunque hay que tener cuidado con las ultimas sentencias, alguna publicada en la prensa, sobre empleados que atacaron físicamente a sus superiores y el magistrado de turno sentenció estado de ansiedad por haberle anunciado el despido, nerviosismo y pérdida de control. En resumen, la sentencia se produjo improcedente y el empresario optó por despedir al agresor. El tercer caso es el más común en estos días. Despidos que no son constitutivos de EREs ni despidos objetivos ni por modificación sustancial de la actividad empresarial… Me refiero a los despidos sólo justificados para adelgazar el importe de la nómina de la empresa, aún cuando esta, por si sola o en su consolidado, tenga beneficios.





