Mater et Magistra
Fue Juan XXIII en 1961 cuando promulgó la encíclica Mater et Magistra, que, en resumen, dirigió a los trabajadores y trata del desarrollo de la cuestión social de las naciones, pueblos, colectivos e individuos en su relación económica, de tal suerte que aconseja que los países ricos establezcan lazos de ayuda con los más pobres y así en todas las escalas de la vida, hasta llegar a la persona. La Iglesia, como madre y maestra tuvo sus etapas, en su mayoría más madrastra e insolidaria con los más desfavorecidos que con el poder establecido. Sin duda la tradición de la Iglesia en la enseñanza es muy fuerte. Los Jesuitas, Salesianos, Franciscanos, etc., han dedicado la mayor parte de su actividad a la formación de los jóvenes, orientándoles por la vía de la moral cristiana hacia un objetivo académico de calidad. Estas órdenes, al igual que las femeninas, impusieron durante muchos años su estilo, su carácter y su disciplina. Hoy, por contra, con la mayoría de los centros de enseñanza religiosos subvencionados por el Estado y en aplicación de la legislación, la forma de enseñar ha cambiado y la disciplina secular se ha suavizado hasta extremos impensables.
Hoy es noticia la profesora de un instituto de enseñanza media de Canarias, concretamente de Firgas, en Gran Canaria, Esther Rodríguez, quién recibió en 2008 un puñetazo de una alumna que la dejó KO; tirada en el suelo. La profesora pidió a la dirección del centro la toma de medidas disciplinarias contra la alumna y no consiguió apoyo; y ocurrió lo mismo con todas las instituciones a las que recurrió. Tampoco la Inspección de la zona le hizo el menos caso. Cansada de tanta incomprensión y falta de apoyo, acudió a los tribunales y hace un par de días se ha conocido la sentencia, que condena a la menor a un año de libertad vigilada y a los padres a pagar una indemnización de 9.000 euros. Esta en la primera sentencia en la historia de España que califica como un delito a la autoridad pegar a un profesor y se espera que sirva para que los padres y los alumnos reflexionen.
Veo difícil que estas situaciones no se repitan. Es más, creo que van a más. Ayer me subí a un autobús público en el que también viajaba un grupo de menores, que acababan de salir de un instituto de Las Palmas. El resto de los pasajeros nos quedamos atónitos escuchando los comentarios del grupo de adolescentes sobre sus profesores. El reto con miradas y gestos, la desobediencia permanente, la falta de respeto y aprecio a los enseñantes quedó plasmada en cada “gracieta” que comentaban. La amenaza de denuncia por abuso de autoridad y otras de índole parecido, fueron manejadas por los chiquillos con una facilidad asombrosa. Ante esta situación que estamos viviendo, echo de menos aquellos tiempos en que el profesor era respetado casi al límite, cercano al temor. La autoridad escolar reforzaban siempre al profesorado. Hoy, está mal visto proteger a los profesores contra las actitudes violentas del alumnado, porque “tienen que crecer libres”. Es obvio que no quiero generalizar. Probablemente la mayoría de los alumnos tienen una buenísima crianza y son correctos y educados; pero la parte que protagoniza estos actos de falta de respeto y violencia contra el profesorado son una mancha demasiado negra como para no comentarlas.
Mater et magistra, en mi opinión, es la fórmula perfecta para que nuestros hijos se críen como personas cívicas y respetuosas. Con disciplina y amor; cada cosa en su momento.
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