SARAMAGO Y LA FEDERACIÓN IBÉRICA
La verdad, si conocemos mínimamente a los dos pueblos, llegaremos a la conclusión que lo que no puede ser, además es imposible. Me explico. Los pueblos españoles, fronterizos con Portugal (Galicia, Castilla León, Extremadura y Andalucía) han mirado siempre por encima del hombro a sus vecinos, independientemente de la propia miseria que en determinados momentos de la historia vivían Galicia, Extremadura y Andalucía especialmente, y solo se cruzaba la frontera para comprar cerámica de Macao, toallas y café. Hoy solo toallas. Los portugueses, que sienten ese trato desde siempre son muy críticos y beligerantes con nosotros, aunque su apariencia sea humilde y amable.
Un ejemplo de ello es la nunca olvidada victoria anglo-portuguesa contra el ejercito castellano en el año 1385. La batalla de Aljubarrota. Es más, se habla de una heroína, panadera por más señas, que cuando los portugueses, cercados por los castellanos, empezaron a agotar sus víveres, se le ocurrió cocer un pan con muy poca harina, muy ligero y tirarlo a los castellanos (hambrientos también) para demostrar que podrían aguantar el asedio cuanto fuese necesario y les tiraban a los españoles los “supuestos” excedentes. Los castellanos, desanimados y abatidos se rindieron.
Ese tipo de pan se hace todavía hoy en Portugal y su victoria siempre es recordada. Hoy en el diario El País, D. José Saramago escribe un artículo que titula “E pur si mueve” refiriéndose a Galileo Galilei en 1633, que da a entender la incomprensión de la Iglesia más radical de aquella época a la actitud del pueblo portugués de hace pocos años cuando Saramago propuso una federación ibérica. También le insultaron y le llamaron, entre otras cosas, traidor.