RAJOY, UN TIPO GRIS
Mariano Rajoy Brey
A pesar de que las encuestas le dan una diferencia de 15 puntos sobre el candidato de la competencia, Mariano Rajoy no se muestra eufórico, acelerado, hiperactivo… actúa con normalidad, incluso en ocasiones se le ve como presionado por el peso de la “púrpura”. Le traicionó el subconsciente ayer, cuando ante su ejecutiva, en lugar de decir “este partido” dijo “este gobierno”, pero esta actitud puede aclarar muchas dudas. Como dice muy bien Lucía Méndez en El Mundo, Rajoy está a casi tres meses vista de La Moncloa. Hasta llegar a ocuparla tendrá que hacer innumerables discursos y una campaña electoral, sin saber si la economía española va a saltar o no por los aires desbaratando sus planes. Eso, entre otros muchos problemas que le podrían venir encima, le tiene un tanto aturdido, mientras sus adláteres más próximos ya han comenzado a celebrar el previsible triunfo.
Por el contrario, Rubalcaba, conocedor de su pésima posición ante la consulta del 20N, trata de unir grupos de votantes, como, por ejemplo, a los del 15M, amenazando con crear dos impuestos contra los ricos. Uno sobre el patrimonio y otro contra la banca, lo que aplaudirán los “indignados”, dando una sensación de prudencia y seguridad propias de un personaje consciente de que está inmerso en un “embolado” de difícil salida y que el 20N no se juega la presidencia, sino su futuro político dentro del PSOE.
Ambos saben lo que va a ocurrir y se dedican a hacer los deberes para llegar a sus respectivos destinos plenamente mentalizados. Rajoy, que probablemente será el próximo presidente del Gobierno, está “acojonado” consciente de que la situación económica que va a heredar es la peor de la reciente democracia. Es más, duda de que España pueda pagar los intereses de su deuda soberano, lo que significaría un rescate inmediato, y se convertiría en un simple “comparsa” en la gobernanza del país.
Rubalcaba, por contra, sabedor de que perderá las elecciones, se prepara para hacerse con el partido, cosa que hasta ahora no ha conseguido, con la ayuda inestimable de su “amigo” José Luis Rodríguez Zapatero. Las expectativas de los ciudadanos y de los socialistas en particular no se están cumpliendo, y día a día demuestra que es un buen “Richelieu”, un intrigante político y “muñidor” de estrategias, cuanto más retorcidas mejor, que no le causan apuro los medios, porque lo importante es el fin. Por eso fue un excelente ministro del Interior.
El el PSOE, a diferencia del PP, tiene una mayor masa crítica entre sus barones y segundos espadas, y pueden ponerle difícil el futuro al candidato. Es posible que, dependiendo de los resultados electorales, quede apartado de todo poder y marginado si se produce una debacle electoral como parece. Mariano, en cambio, maneja el partido con mano dura y sin concesiones a la galería. Conoce perfectamente el posicionamiento de los barones y baronesas, afines y discrepantes, fieles y proclives a la traición.
Si Mariano Rajoy ejerciera una conveniente autocrítica sabría que sólo en estas circunstancias de debilidad del PSOE, con el Estado al borde del abismo económico, con el BCE comprando deuda española a mansalva, exigiendo al Gobierno recortes y reformas contra el bienestar de los ciudadanos puede aspirar a presidir el país. Aunque inteligente, es gris y todo lo contrario de lo que ha de ser un líder de masas. Para eso tendría que recibir unas cuantas lecciones de Felipe González por las mañanas y de Zapatero por las tardes.
