La Iglesia de Rouco Varela
La Iglesia, la empresa multinacional más antigua del occidente, nos llena de sorpresas día sí y al siguiente también. Hace unos días el Cardenal Rouco Varela en una homilía incendiaria atentaba muy seriamente contra la Constitución Española, discriminando directamente a los homosexuales, a las mujeres que abortan y contra el lucero del alba. Tan es así, que algunos católicos convencidos y practicantes miraban hacia otro lado cuando el purpurado mandaba al infierno y a la excomunión a tanta gente.
Por mi, el cardenal Rouco puede decir lo que le parezca bien y mal; es la libertad que todos tenemos, incluso para juzgar acciones de otros, sin hacer primero una revisión íntima de nosostros mismos, pero cuando la Iglesia cobra del Estado ha de ser respetuosa con las leyes de este. La más grande, la ley marco, es La Constitución Española, que en su artículo 14 habla de la no discriminación por razón de raza, sexo, ideología…
Desde este punto de vista y sólo desde este, habría que sancionar a la Iglesia española por no respetar lo que los españoles nos hemos dado para poder convivir mejor y en paz entre nosotros, respetándonos desde la libertad de no estar de acuerdo, pero asumiendo las peculiaridades de cada cual. No se puede arremeter desde un púlpito contra un Estado ni contra la legislación de éste cuando acepta un Concordato a través del cual se subvenciona especialmente a esa Iglesia; cuando pone la mano a las subvenciones del Estado y además acepta que el mismo Estado haga la gestión de cobro, gratis et amore, a través de el IRPF a los españoles que deciden cada año entregar parte de sus impuestos a aquella.
Hay muchas personas que están a favor y en contra del aborto y el matrimonio homosexual, pero cada quién se rige a través de su código ético y moral en cada caso y estructuran sus vidas de acuerdo con aquellos. Pero la Iglesia española además de tomarse esa libertad aceptable, se equivoca cuando suspende de “militancia”, envía al infierno y excomulga a todos aquellos que practiquen el aborto y se casen con otro del mismo sexo. Eso es lo que no se puede permitir a esta multinacional de la moral.
La vida es vida ayer como hoy; y los asesinados de la Inquisición en todo el mundo son demasiados como para que nos olvidemos de la mano dura y el odio con que esta Iglesia ha tratado a sus fieles. Pero aún más reciente, un Papa, Pio XII, un aristócrata romano, se le atribuye una gran responsabilidad en la consolidación de los fascismos de los años 30. Primero como Nuncio Apostólico que negoció en Berlín con Hitler el Concordato y más tarde cerrando los ojos y no queriendo enterarse de los excesos del nacional socialismo en la guerra civil española y con el nazismo en la segunda Guerra Mundial.
Por eso, el cardenal Rouco Varela debería hacer un enorme acto de contricción e intentar perdonarse de todas las injusticias antiguas y actuales de una Iglesia que perdona a medias, castiga sin piedad y no respeta la libertad del ser humano, ese al que pretende defender.
