Rajoy tiene que dar explicaciones a los canarios.
Desde el 21 de diciembre, fecha en que comenzó a gobernar, Mariano Rajoy solo se ha visto con el presidente de Canarias, Paulino Rivero, en una ocasión, con motivo de la rueda de invitaciones que hace el presidente de la nación a los presidentes de las autonomías. Desde aquella fecha el Gobierno, a través de sus distintos ministerios, fue advirtiendo a las “regiones” (así las denomina Bruselas), que los recortes y la austeridad serían la norma del “previsible” Gobierno de Rajoy y que iría aplicando leyes y reglamentos sin parar hasta finales de marzo, fin de la primera fase de cambios, con la presentación de los Presupuestos Generales del Estado. Pero en el transcurso del primer trimestre han ocurrido cosas en Canarias que hoy se enfrenta con Madrid con amenazas de Paulino Rivero a Rajoy de este estilo: “Si Canarias no es asunto de Estado, podría ser un problema de Estado”.
Los ciudadanos pueden pensar que esta es una posición dura de Rivero contra la aprobación de la extracción de petróleo en las costas de Fuerteventura y Lanzarote concedida a Repsol sin tener en cuenta la opinión de los canarios y por los recortes a las islas en los Presupuestos Generales del Estado para 2012. Pero la verdad es otra. La principal, aunque hay más, es el enfrentamiento personal y político entre el ministro José Manuel Soria y Paulino Rivero en demostración palmaria de “quién mea más”. La otra que le sigue en importancia es la negativa del presidente del Gobierno de España a recibir al presidente de Canarias, dice que por problemas de agenda, lo que está resultando humillante para Paulino Rivero y los canarios en general.
Independientemente de que Rajoy quiera apoyar y reforzar la imagen de su ministro Soria, no puede dejar de recibir al máximo representante de una autonomía con problemas específicos que la diferencia de las demás, entre otras razones por el aislamiento que supone encontrarse en una zona ultraperiferica, aunque dentro de la Comunidad Económica Europea.
Aunque Rajoy sepa de primera mano (su padre reside en el Sur de Gran Canaria) que el “mal rollo” es una pelea de gallos (Soria manteniendo el tipo y pretendiendo llegar a un acuerdo con el PSC-PSOE de Miguel Pérez, quién ultimamente está como “sonado”, para desalojar de la presidencia de Canarias a Paulino Rivero, y este elevando el tono “nacionalista” contra el centralismo, ante el próximo congreso de Coalición Canaria para perpetuarse como jefe de “la manada”) tiene que recibir a Paulino Rivero por respeto a los canarios. Don Mariano debe explicar a los canarios los motivos por los que autorizó la extracción de crudo a 60 kms. de Fuerteventura y Lanzarote, las medidas de seguridad ante esos trabajos para que no destruyan la riqueza turística, y que beneficio obtendrían las Islas Canarias si, como parece, en la zona que los técnicos denominan “Sandía” hubiese realmente petróleo. Tiene también que justificar ante Rivero por qué rebaja en los PGE 65 millones de euros en la partida de bonificación aérea, y así mismo por qué la Renta Familiar sigue estando por debajo de la media española, la deuda sanitaria por la población de hecho, etc.
Estas y otras razones deben desbloquear los “problemas de agenda” del presidente Rajoy. Tiene que arbitrar las malas relaciones entre el ministro de Industria y el presidente canario y situarse por encima de esa circunstancias, y ser respetuoso con los canarios, no solo porque son merecedores de ello, sino por el ejemplo de unidad, sensatez y lealtad que demuestran a España, sin crear fricciones soberanistas como hacen otras autonomías que no dejan de vaciar las arcas del Estado. Si no lo hace es posible que Canarias nunca sea un problema de Estado, pero sí sabrá castigar en las urnas a quienes desprecien a esta tierra.

Lo del petróleo de Canarias viene de antiguo. Pero fue en el año 2001, gobernando el PP con José María Aznar a la cabeza, cuando se autorizó a Repsol sondear en nuestras aguas territoriales en busca del oro negro. En aquella ocasión, no están muy claros por intereses de quién/es se paralizó el proyecto, aunque Repsol nunca dejó de “ronear” o “rondar” por estas tierras (mejor dicho, estos mares) intentando hacer valer aquel permiso que el PP le había concedido años atrás.

Ayer devaluó el Bolivar, moneda oficial de Venezuela, con un preaviso de dos días. La consecuencia económica de esta medida es la subida de los precios y la reducción del valor patrimonial; sean bienes o dinero. Chávez, para disimular ante el mundo, pero con autoritarismo propio de un sátrapa, lanzó una amenaza a los comercios del país diciendo que si subían los precios les sería retirada la propiedad. Para eso puso en la calle a la Guardia Bolivariana. La devaluación es del 50%, la inflación el 35% y la recesión – 2,9%. En esas mismas cifras se ven depreciados los bienes de los ciudadanos.