Crucifijos y trabajo
Jornada Mundial de la Juventud.
Si debatir sobre política y fútbol es complicado y genera enorme tensión, hacerlo sobre religión no es menos peligroso. En estos días se están llenando las calles de Madrid con jóvenes venidos desde todas partes del mundo para reunirse con el jefe supremo de la Iglesia Católica y lo están haciendo con alegría y paz. Están siendo albergados por las instituciones y los particulares que les ayudan a soportar un viaje caro aunque, para ellos, ilusionante. Pero como la felicidad nunca es completa, el Gobierno, a través del portavoz del Consejo de Ministros, José Blanco, ha tenido que dar explicaciones a los grupos parlamentarios y a los ciudadanos sobre el coste que tendría para el erario público esta visita del Papa a España. Blanco, en su intervención en los noticiarios de TV, hizo una dificilísima esgrima dialéctica, para explicar que no supondría gasto o muy poco, si consideramos los ingresos adicionales que supondrá este acontecimiento para la hostelería y el comercio.
Gaspar Llamazares ha mostrado su firme desacuerdo y exige que se explique en el parlamento lo que no pudo hacer con claridad el ministro portavoz. Por otra parte, esta misma tarde, se celebró una manifestación contra la venida del Santo Pontífice por entender que este baño de multitudes no tiene que ser costeado por los ciudadanos españoles, sino por la propia Iglesia y “sus militantes”. La manifestación y “los jóvenes del Papa” se encontraron en la Puerta del Sol y se vivieron momentos de tensión y preocupación, ya que los que se oponen al religioso evento profirieron insultos contra la otra parte. También, y esto es lo que a mi entender es más peligroso, profirieron gritos de “fuera de aqui la plaza es nuestra”, o “menos crucifijos y más trabajo fijo”. Por fortuna ” la sangre no llegó al río” y la policía no tuvo que participar. Solamente lo hizo para detener a un manifestante exaltado.
Como en estas cosas conviene mojarse (no tendría mucho sentido repetir lo que han dicho los telediarios), yo comparto totalmente la opinión de Gaspar Llamazares, independientemente de que España sea o no un Estado laico. El Gobierno, la Comunidad de Madrid y el ayuntamiento de Madrid deberían repercutir el coste de esta visita, que muchos consideramos de puro marketing, a la Conferencia Episcopal española, al cardenal Antonio María Rouco Varela, que será quién se cuelgue las “medallas” de mérito si sale bien esta “operación”. Pero sí que puede ser importante recordar a los manifestantes, que “la calle es es de todos”, no vaya a ser que se nos apropie alguien de los adoquines, como quiso hacer Manuel Fraga en su momento de mayor “ardor guerrero”. En cuanto al crucifijo, creo que cada uno puede colgar en su pecho o en su mente lo que mejor le parezca y sin ánimo de molestar.
La democracia nos lo exige.


Aunque ya había dado muestras de su ideología política, Joan Laporta se ha despachado con toda sinceridad sobre su futuro . En junio de este año, cuando deje la presidencia del Barça, militará en un nuevo partido político catalán: REAGRUPAMENT. Es una formación independentista, sin tonos suaves, con ideario claro y luchará por la independencia de Cataluña y todo lo que encierra. Selecciones deportivas independientes, ejército propio, polícia, servicios secretos, cuerpo diplomático…
Pronto terminará su mandato de presidente del Barça y a partir de ese momento puede anunciar su salto a la arena política, a lo que tiene todo el derecho. Hasta hoy le juzgábamos de oportunista por aprovecharse de su cargo en un club de fútbol de la importancia del Barça (en todos los sentidos que positivos pueda haber, además de ser el que mejor fútbol practica en España, desde que llegó Guardiola a sus filas como entrenador), cosa que hizo reiteradamente en los dos últimos años; especialmente en este último.
Muchas instituciones, por capricho de los que mandan, han de pagar grandes sumas por sentencias judiciales condenatorias, por decisiones erróneas sabiendo que lo eran; o injustas; o partidarias. Ejemplo de esto es la famosa trama Gurtel, que afecta de lleno al PP; lo que está cayendo en Cataluña, con el PSC y los nacionalistas y tantas y tantas que todos recordamos y que ponen a los pies de los caballos a los gobiernos a todos los niveles; locales, autonómicos y nacional. Una de las últimas es el “presunto” chivatazo del Ministerio del Interior a los recaudadores de dinero para la financiación de ETA en el Bar Faisán, que trae a mal traer a Rubalcaba, quién no se cansa de repetir que todos los afectados “están presos”. Lo que no quiere reconocer el ministro es que eso fue posterior a la negociación del Estado con ETA; cuando se rompió la misma, cada uno, el Gobierno y los terroristas, tiraron por caminos separados y con amenazas de hacerse mucho daño. De momento, gracias a la eficacia policial española son los “malos” los que van perdiendo y ojalá sea así hasta el desarme.



