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Información nauseabunda

Por , 5 julio 2012 23:31 pm

Marionetas en la cuerda

Se equivocan si creen, por el título de esta nota, que voy a hablar de “Sálvame”, “Sálvame de Luxe” o “Hay una cosa que te quiero decir“, todos ellos programas de T5 y con el mismo conductor, D. Jorge Javier Vázquez o Las Mañanas de Ana Rosa. Lo haría si hoy estuviese de mejor humor. Pero en esta ocasión no toca, porque la información de la “náusea”, no sólo la información rosa de los soportes de color, revistas, magazines, sino que también los informativos de muchos de los medios llega a repugnar de tal manera que tienes que plantearte no leer más prensa (de todo tipo) ni ver la TV ni escuchar la radio. Mucho menos aquellos/as que son pura alcantarilla.

En este caso me quiero referir a la persecución, acoso y falta de sentido informativo que padecen algunas familias cuando sufren un suceso grave en su seno. Un secuestro, un asesinato, robo con violencia, violación … Los periodistas y resto de “escribidores” tienen todo el derecho a informar sobre el suceso, pero con un mínimo de sensibilidad y sentido de lo humano. Cuando en la prensa había mejor gusto, más libertad (porque los editores no padecían las presiones políticas y económicas en la forma que hoy las soportan) se daba el suceso con nombres en iniciales (incluso el del causante del daño), así como era obligado hacerlo en los casos de suicidio. Ahora, se busca la “carroña” los detalles más íntimos y personales de los afectados y sus familiares, como si se estuviera describiendo la composición de las rocas volcánicas que eructa un volcán. Desgraciadamente ni siquiera son conscientes de estar aplicando la máxima, que se atribuye a Maquiavelo, “el fin justifica los medios”. Se hace por vender; por competir; por alzarse con el liderato de las difusiones para conseguir mayor “tajada publicitaria”. Las víctimas y sus familias no importan. Las cámaras, micrófonos y los periodistas están en tu puerta horas y horas molestando a aquellos que quieren llorar en silencio su dolor.

Pero hay más. Si la víctima es conocida en el mundo de las artes, las letras, el Derecho, la economía, el artisteo… salen reflejados el nombre y apellidos y las caras de los familiares sin preguntar, en la mayoría de las ocasiones, si tienen permiso para invadir esa legítima intimidad.

No crean que no sé de lo que hablo. Recuerdo hace muchos años, en un periódico de Galicia, se publicó el asesinato de una menor que había sido previamente violada, y el “periodista” (que por cierto, había salido del mundo del taxi) publico detalles tan específicos, además de informar que la pobre chiquilla llevaba unas bragas rojas, que daba la impresión de haber estado viendo el suceso en directo, porque de lo contrario tendría que ser él el asesino y violador.

Observen detenidamente los programas de la TV rosa, las revistas y la prensa en general, y comprueben que cada día más, se nutren, bajo una sección que generalmente denominan “vida Social”, de sucesos trágicos que nada tienen que ver con el glamour, añadiendo todo aquello que contenga más morbo y mierda. ¡Ah¡ y si pueden decir que fueron unos individuos de la Europa del Este (albano-kosovares, muy de moda ultimamente) en un ajuste de cuentas, mejor y más negocio, porque se retroalimentan con casos que ellos consideran similares (José Luis Moreno, el caso Tous…). Toda una puta náusea.

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Olor de soledad

Por , 23 abril 2010 20:12 pm

Soledad

Ayer en el cementerio municipal de Santa Brígida se celebró un entierro que no fue en olor de multitud, sino todo lo contrario. En olor de soledad. El chófer la la funerario, el sepulturero del cementerio y la policía local transportaron el féretro de un vecino que estaba alojado en una residencia de ancianos de la localidad. La policía local se vio obligada a sumar una nueva función a su cometido habitual cuando se comprobó que nadie acompañaba hasta su última morada a aquel hombre que era natural de Córdoba, pero que vivía en Gran Canaria desde hace años. El duelo se celebró en el tanatorio y a la hora fijada para el entierro ninguna persona acudió al último adios. Ni siquiera sus compañeros de residencia, trabajadores, directivos. Nadie. La más grande de las soledades y de las tristezas que en el alma podrían llevar sus hijos, si fuesen conscientes de tal situación.

Hace unos días escribía sobre la idea que los niños tienen de sus padres, especialmente, en los primeros años, de sus madres. Las creen heroínas de un cuento de hadas que nunca ocurrió ni ocurrirá, porque cuando se hacen viejos, se evaporan y disipan sus superpoderes, estos no tienen a nadie superpoderosos a quienes pedir compañía y a veces ni siquiera ayuda. Tal es el caso de este Cordobés que fue enterrado ayer en Santa Brígida con la compañía del silencio y la soledad más dolorosa.

Imagen: Soledad

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