PROFESIONALES SIN RESPONSABILIDAD PENAL.

Irresponsables ante la Ley por errores de gestión que pueden llevar a España al rescate
Tras la muerte de Franco, allá por 1975, España tuvo que encaminar una transición que con la ayuda de partidos y políticos, hasta esa fecha en la clandestinidad, y un presidente venido del Movimiento y la Falange, Adolfo Suárez, transcurrió de modo ejemplar, no sin graves problemas con ciertos militares al legalizar a los partidos políticos de izquierda y especialmente al Partido Comunista, permitiendo la entrada en España de su líder Santiago Carrillo. El entonces príncipe, que sucedió a Franco en calidad de Rey, posibilitó y facilitó el cambio, a pesar de que eso significaba traicionar promesas y juramentos ante el dictador antes de su muerte.
En aquella etapa los partidos políticos de todo signo formaron una piña y redactaron nuestra actual Constitución y dieron aquellos primeros pasos con entusiasmo, entrega, generosidad y amor a su país, anteponiéndolo a sus propios intereses y de sus ideologías. Había que poner a andar una nueva etapa democrática después de más de 40 años de dictadura férrea. Fueron reconocidas las autonomías, las históricas y las que no lo eran tanto, y todas ellas asumieron las políticas del cambio, aunque de forma desigual. El País Vasco y Cataluña y posteriormente Galicia exigían derechos históricos que obligaron a los sucesivos gobiernos a poner dos velocidades en la configuración territorial. Pero salimos airosos y desde 1982, con Felipe González en el Gobierno se fueron dando pasos de gigante en cohesión social, cultural y apertura al exterior. Aquellos políticos vocacionales, de izquierda, centro y derecha cambiaron la imagen de España, la modernizaron, la pusieron en orden y en el mapa de Europa y los ciudadanos participamos, en lo que nos es propio, votando con esperanza en un futuro mejor.
Y tuvimos un futuro mejor hasta 2008, en el que la crisis mundial de la avaricia, el desplome del ladrillo, de la etica y nuestra vida basada en posicionarnos economicamente muy por encima de nuestras posibilidades, echó por tierra la posición de España, de la que decía el presidente José Luis Rodríguez Zapatero que evolucionaba más y mejor que el resto de Europa. Que ya habíamos superado a Italia y que íbamos a por Francia. Cuando nos decía esto, él ya sabía que estábamos inmersos en una debacle. Huimos hacia adelante y hemos puesto al país en quiebra, en línea con los otros del Sur, Portugal, Grecia, Italia e Irlanda. Los PIGs
Pero según iban transcurriendo los años desde aquel 1975, fueron cambiando algunos políticos que abandonaron la actividad en sus partidos para dedicarse a su profesión o vocación, y quedaron otros que fueron cambiando a una nueva forma de hacer política. “Los profesionales”.
La definición podría ser esta: “sujetos que se dedican y viven de la política adscritos a grupos o partidos que actúan como administraciones del Estado de forma cíclica”. “Es decir, unas veces en el poder y otras en la oposición, no actuando entre si como adversarios sino como enemigos, y que anteponen los intereses de su “casta” antes que los del país al que deberían servir con lealtad y eficacia”. Los nacionalistas pretenden sacar partido de la debilidad de los gobiernos centrales, esquilmando las arcas del Estado con amenazas o impidiendo la aprobación de leyes que los gobiernos centrales entienden necesarias. Son maestros en este arte el PNV y CIU. Y como sorpresa de última hora, el presidente de Canarias, Paulino Rivero, que peleado con el ministro de Industria, José Manuel Soria, se opone radicalmente a cualquier medida que apruebe Rajoy y que afecte a las islas, echando a los ciudadanos a las calles para que protesten contra el colono invasor. El asunto del petróleo es claro ejemplo de ello.
No han acertado los sucesivos gobiernos del Estado en el tratamiento del insaciable apetito de los partidos citados, que han cedido derechos y dinero contra el interés general para lograr sacar alguna ley adelante por falta de mayoría suficiente. Y digo que se han equivocado porque desde el principio a los vascos, catalanes y gallegos deberían haberse concedido la soberanía territorial, económica y política atendiendo a sus multiples peticiones y amenazas. “A enemigo que huye, puente de plata”. Pero si se hubiera actuado así, hubiéramos podido comprobar que esos nacionalistas que tanto exigen para mantenerse unidos renunciarían a ello porque sería la mayor putada que se les podría hacer. Ellos saben que fuera de España hace mucho frío y mientras que ahora son importantes con la soberanía se convertirían en pequeños territorios, arruinados y sin ningún futuro.
Dicho lo anterior, remarcar que los partidos y los sindicatos se han hecho máquinas de empleo de sus afines. Méndez y Toxo sangran por la herida de la disminución de subvenciones del 30% con que les sacudió Rajoy y por eso han convocado una huelga general, seguidos por los partidos de la oposición a quienes también se les ha restado un alto porcentaje de sus subvenciones, lo mismo que ha hecho Rajoy con su propio partido.
No se si todo esto es difícil de explicar o está explicado. Pero ocurre que estamos al borde del rescate y de que nos exija Europa unos recortes que nos empobrecerían por muchísimos años, mientras los partidos de la oposición, en lugar de hacer causa común contra los mercados y Bruselas, se alegran cuando escuchan al gabacho Sarkozy compararnos con Grecia. Aunque toda la culpa se la echa a Zapatero, en definitiva, quienes pagamos las altas primas de riesgo somos todos los españoles, a pesar de que quienes se hayan equivocado en su gestión sean políticos profesionales, irresponsables ante la Ley.