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PROFESIONALES SIN RESPONSABILIDAD PENAL.

Por , 8 abril 2012 3:13 am

Irresponsables ante la Ley por errores de gestión que pueden llevar a España al rescate

Tras la muerte de Franco, allá por 1975, España tuvo que encaminar una transición que con la ayuda de partidos y políticos, hasta esa fecha en la clandestinidad, y un presidente venido del Movimiento y la Falange, Adolfo Suárez, transcurrió de modo ejemplar, no sin graves problemas con ciertos militares al legalizar a los partidos políticos de izquierda y especialmente al Partido Comunista, permitiendo la entrada en España de su líder Santiago Carrillo. El entonces príncipe, que sucedió a Franco en calidad de Rey, posibilitó y facilitó el cambio, a pesar de que eso significaba traicionar promesas y juramentos ante el dictador antes de su muerte.

En aquella etapa los partidos políticos de todo signo formaron una piña y redactaron nuestra actual Constitución y dieron aquellos primeros pasos con entusiasmo, entrega, generosidad y amor a su país, anteponiéndolo a sus propios intereses y de sus ideologías. Había que poner a andar una nueva etapa democrática después de más de 40 años de dictadura férrea. Fueron reconocidas las autonomías, las históricas y las que no lo eran tanto, y todas ellas asumieron las políticas del cambio, aunque de forma desigual. El País Vasco y Cataluña y posteriormente Galicia exigían derechos históricos que obligaron a los sucesivos gobiernos a poner dos velocidades en la configuración territorial. Pero salimos airosos y desde 1982, con Felipe González en el Gobierno se fueron dando pasos de gigante en cohesión social, cultural y apertura al exterior. Aquellos políticos vocacionales, de izquierda, centro y derecha cambiaron la imagen de España, la modernizaron, la pusieron en orden y en el mapa de Europa y los ciudadanos participamos, en lo que nos es propio, votando con esperanza en un futuro mejor.

Y tuvimos un futuro mejor hasta 2008, en el que la crisis mundial de la avaricia, el desplome del ladrillo, de la etica y nuestra vida basada en posicionarnos economicamente muy por encima de nuestras posibilidades, echó por tierra la posición de España, de la que decía el presidente José Luis Rodríguez Zapatero que evolucionaba más y mejor que el resto de Europa. Que ya habíamos superado a Italia y que íbamos a por Francia. Cuando nos decía esto, él ya sabía que estábamos inmersos en una debacle. Huimos hacia adelante y hemos puesto al país en quiebra, en línea con los otros del Sur, Portugal, Grecia, Italia e Irlanda. Los PIGs

Pero según iban transcurriendo los años desde aquel 1975, fueron cambiando algunos políticos que abandonaron la actividad en sus partidos para dedicarse a su profesión o vocación, y quedaron otros que fueron cambiando a una nueva forma de hacer política. “Los profesionales”.

La definición podría ser esta: “sujetos que se dedican y viven de la política adscritos a grupos o partidos que actúan como administraciones del Estado de forma cíclica”. “Es decir, unas veces en el poder y otras en la oposición, no actuando entre  si como adversarios sino como enemigos, y que anteponen los intereses de su “casta” antes que los del país al que deberían servir con lealtad y eficacia”. Los nacionalistas pretenden sacar partido de la debilidad de los gobiernos centrales, esquilmando las arcas del Estado con amenazas o impidiendo la aprobación de leyes que los gobiernos centrales entienden necesarias. Son maestros en este arte el PNV y CIU. Y como sorpresa de última hora, el presidente de Canarias, Paulino Rivero, que peleado con el ministro de Industria, José Manuel Soria, se opone radicalmente a cualquier medida que apruebe Rajoy y que afecte a las islas, echando a los ciudadanos a las calles para que protesten contra el colono invasor. El asunto del petróleo es claro ejemplo de ello.

No han acertado los sucesivos gobiernos del Estado en el tratamiento del insaciable apetito de los partidos citados, que han cedido derechos y dinero contra el interés general para lograr sacar alguna ley adelante por falta de mayoría suficiente. Y digo que se han equivocado porque desde el principio a los vascos, catalanes y gallegos deberían haberse concedido la soberanía territorial, económica y política atendiendo a sus multiples peticiones y amenazas. “A enemigo que huye, puente de plata”. Pero si se hubiera actuado así, hubiéramos podido comprobar que esos nacionalistas que tanto exigen para mantenerse unidos renunciarían a ello porque sería la mayor putada que se les podría hacer. Ellos saben que fuera de España hace mucho frío y mientras que ahora son importantes con la soberanía se convertirían en pequeños territorios, arruinados y sin ningún futuro.

Dicho lo anterior, remarcar que los partidos y los sindicatos se han hecho máquinas de empleo de sus afines. Méndez y Toxo sangran por la herida de la disminución de subvenciones del 30% con que les sacudió Rajoy y por eso han convocado una huelga general, seguidos por los partidos de la oposición a quienes también se les ha restado un alto porcentaje de sus subvenciones, lo mismo que ha hecho Rajoy con su propio partido.

No se si todo esto es difícil de explicar o está explicado. Pero ocurre que estamos al borde del rescate y de que nos exija Europa unos recortes que nos empobrecerían por muchísimos años, mientras los partidos de la oposición, en lugar de hacer causa común contra los mercados y Bruselas, se alegran cuando escuchan al gabacho Sarkozy compararnos con Grecia. Aunque toda la culpa se la echa a Zapatero, en definitiva, quienes pagamos las altas primas de riesgo somos todos los españoles, a pesar de que quienes se hayan equivocado en su gestión sean políticos profesionales, irresponsables ante la Ley.

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Momentos amargos de Zapatero

Por , 23 agosto 2011 23:20 pm

José Luis Rodríguez Zapatero

Es verdad que Zapatero y su Gobierno no detectaron la que se nos venía encima en 2007 y además, cuando lo supo no lo reconoció hasta pasado un año; es verdad que ni él ni sus ministros acertaron con las medidas a adoptar para suavizar la crisis económica y financiera mundial que nos afectó muy especialmente, llevándonos a casi cinco millones de parados; es verdad que con la Ley de la Memoria Histórica creó un ambiente guerracivilista entre los españoles, que ya habían pasado página desde el día que se legalizó al Partido Comunista de España durante la transición; es verdad que autorizó a seguir negociando con ETA cuando había prometido (después del atentado de la T4) que a los criminales los vería juzgados y en la carcel y que no pararía hasta que la organización terrorista entregase sus armas y pidiese perdón a las víctimas; es verdad que no fue justo con las víctimas de ETA, reconociendo sólo como tal a una parte de los afectados y ninguneando al resto de las asociaciones que le reprendieron por su actitud pactista; es verdad que se mostró terco e incluso soberbio con la oposición cuando esta planteaba medidas para mejorar la gobernanza y que él rechazó una y otra vez; es verdad que es el presidente de la nueva etapa democrática que ha recortado mejoras sociales (el cheque bebé, los 400 euros a todos los españoles deducibles en el IRPF, la desgravación por compra de vivienda, el retraso de la edad de jubilación hasta los 67 años…

De todo lo anterior, creo que lo más dañino para el país ha sido su terquedad y soberbia. Venía gobernando en una época de bonanza económica, cuando nos comparaba con Francia y Gran Bretaña y decía que ya habíamos superado a los italianos. Nunca fue así. Ya desde el Gobierno de Felipe González y José María Aznar,  España estaba creciendo sólo a través del sector de la construcción, con una economía basada en el ladrillo que ocasionó la ruina de muchas familias. De eso no está a salvo tampoco Rodríguez Zapatero. Todos ellos miraron hacia otro lado y anunciaban nuestra potencia económica cuando teníamos los pies de barro. Y como barro, se vino abajo, dejando a miles de familias en el paro y con hipotecas imposibles de pagar. Los embargos y la pobreza se establecieron en una gran parte de la sociedad y el paro juvenil creció hasta el 46%.

Hoy he visto en TV a Zapatero en el Congreso, ajado, con una profunda tristeza en su mirada y una sonrisa fingida, intentando hacerse fuerte ante su situación actual. Él, que todavía sigue siendo secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, ha tenido que decir en el estrado parlamentario que las medidas que estaba proponiendo habían sido pactadas con el jefe del primer partido de la oposición y con Alfredo Pérez Rubalcaba y soportar que éste “sibilino” personaje le humillara declarando en los pasillos “el presidente me ha convencido ayer noche de la presentación de las medidas”. La posición de Zapatero tiene que ser, cuanto menos, dolorosa. Sus gestos y miradas a la lejanía pueden ser demostrativos de una seria depresión causada por los resultados de su gestión cuando es seguro que su intención era la mejor para el país.

Hay quién dice que Rodríguez Zapatero es un hombre de suerte por haber ganado aquellas primarias contra todo pronóstico contra Bono y dos elecciones generales consecutivas, pero hay otros que por contra pensamos que está siendo el presidente que más ha sufrido de toda la reciente democracia. Se equivocó y también sus ministros pero está pagando un alto precio por ser el timonel de un barco que estaba predestinado a hundirse, fuese quién fuese su capitán. Y si no se merece este final, menos se merece el trato que le está dando el candidato Pérez Rubalcaba. Pero como siempre termina ocurriendo, en el pecado va la penitencia.

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